En eso de las identidades hay mucho que descubrir aún. Morelos, antes de 1869 era parte del Estado de México, y a través de la historia, en la zona oriente del segundo, los pueblos han formado un vínculo muy fuerte con municipios y comunidades que hoy son nuestros vecinos. De los hechos más interesantes, diré que cuando Cortés pasó a la conquista de Cuauháhuac, lo hizo por el camino de Tlalmanalco, pasando por Chimalhuacán hasta llegar a Yecapixtla, de ahí a Tlayacapan, Oaxtepec y finalmente Cuernavaca. Gonzalo de Sandoval pasó por los mismos lugares, que eran una misma zona, pues los pueblos prehispánicos, antes de ser sometidos por Moctezuma, eran unidades independientes de la familia xochimilca.
Pero hay más. Isabel Ramírez, madre de Sor Juana, nació en Yecapixtla, y su familia tenía propiedades en Ocuituco y Hueyapan. Eso sin contar con que Tepetlixpa, durante el siglo XVII formaba parte de los pueblos sujetos a Tlayacapan, a que los agustinos de Atlatlahucan, por un tiempo se encargaron de la evangelización de la zona y que, ya en el siglo XX, las zonas de influencia zapatista abarcaban indistintamente pueblos del Estado de México y de Morelos considerándolas un mismo lugar (Everardo González, general cercano a Zapata nació en Juchitepec).
El flujo comercial, las opciones de educación y aún las de diversión nos unen, a nosotros mexiquenses, con el Estado de Morelos y viceversa. Compartimos el vivir en la zona oriente, compartimos un poco de los valles del Volcán, pero sobre todo, compartimos el estar al extremo de nuestras capitales. Esa riqueza en vínculos nos une de una manera excepcional.
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